Eneida
Eneida «¡Por el alma de tu padre, por toda la esperanza que tienes puesta en Julo
525 que se hace hombre, te lo pido, guárdales esta vida a mi hijo y a mi padre!
Tengo opulenta casa. Guardo en ella bien hondo soterrados talentos
de plata cincelada. Acopio un gran caudal de oro labrado y sin labrar.
La victoria troyana no depende de mí. Una sola vida no va a desnivelar
530 tan gran empresa». Así le habla y Eneas le responde: «Todos esos talentos
de plata y oro que dices, guárdalos para tus hijos.
Turno se ha adelantado a abolir tales tratos de guerra en el momento mismo
de dar muerte a Palante. Es lo que piensa el alma de mi padre Anquises,
lo que piensa mi hijo Julo». Y mientras le habla así,
le coge del yelmo con la izquierda
535 y echándole hacia atrás el cuello que sigue suplicando,
entierra en él la espada hasta la empuñadura.
No lejos de allí está el hijo de Hemón, sacerdote de Febo y de Trivia,