Eneida
Eneida quien volando lleva a oídos de Eneas el aviso de que se hallan los suyos
a un paso de la muerte. Y que ya es tiempo de auxiliar a los teucros derrotados.
Eneas va segando con su espada las filas más cercanas. Arde en ira.
Se abre a punta de hierro una ancha senda entre los batallones enemigos.
515 A ti te busca, Turno, a ti ensoberbecido con el reciente estrago.
Palante, Evandro, todo se le va presentando ante los ojos:
las mesas que le dieron acogida cuando llegó de fuera,
las diestras que estrechó en señal de alianza.
En esto a cuatro mozos hijos de Sulmón y a otros cuatro
que fue criando Ufente los atrapa allí vivos.
Quiere inmolarlos todos como ofrenda
520 a la sombra de Palante e ir regando de sangre cautiva las llamas de la pira.
Ya había disparado desde lejos su formidable lanza contra Mago.
Éste se agacha astuto —vuela el arma tremante por sobre su cabeza—.
Mago estrecha en sus brazos las rodillas de Eneas y le dice suplicante: