Eneida
Eneida 795 arrastrando la lanza enemiga que pende del pavés. Irrumpe el mozo
y media en el combate y en el instante mismo en que la espada
del vencedor se yergue a descargar el golpe,
le retiene la punta del arma por debajo
y estorbándole logra parar el golpe. Sus camaradas le siguen prorrumpiendo
800 en grandes gritos hasta que, protegido por el pavés del hijo,
se aleja al fin el padre mientras todos concentran en su rival sus dardos
y le hostigan de lejos con sus tiros. Enfurecido Eneas resiste sin ceder
cubierto con su escudo. Como cuando las nubes
descargan su andanada de granizo, todos los labradores, todos los campesinos
abandonan el llano veloces en distintas direcciones y se acoge a un cobijo seguro
805 el caminante o a un refugio de la orilla del río o al hueco de alta peña
mientras pasa el pedrisco para cuando de nuevo luzca el sol
tornar a la tarea interrumpida,
así también Eneas abrumado por los tiros que llueven