Eneida
Eneida Correteando piden armas sus manos,
armas piden los mozos entre gritos;
los mayores llorando desolados murmuran entre dientes.
455 Alzan de todas partes a los aires unos y otros
un fuerte clamoreo de gritos discordantes
como cuando las aves en bandadas
se han posado por suerte en un bosque cimero
o como por las aguas abundantes en peces del Padusa
resuena el ronco canto de los cisnes
por entre los remansos vocingleros. «Está bien, ciudadanos —Turno exclama
460 aprovechando la ocasión—, convocad la asamblea,
encareced la paz arrellanados
mientras ellos asaltan arma en mano nuestro reino».
Sin decir más, se echa fuera veloz de la alta sala.
«Tú, Voluso, ordena que se apresten a la lucha los escuadrones volscos
—le dice— y ponte al frente de los rútulos.
Tú, Mesapo, y tú, Coras, con tu hermano
465 ve extendiendo la tropa de jinetes por sobre el ancho llano.