Eneida
Eneida Y que otros monten guardia ante las puertas de la ciudad y cuiden de las torres.
Los demás al ataque conmigo allá donde les mande». Van corriendo al instante
por toda la ciudad hacia los muros. El mismo rey Latino,
turbada el alma por aquel triste trance,
470 abandona el consejo y difiere su alto empeño y se hace mil reproches
por no haber acogido de buen grado al dardanio Eneas
y no haberlo asociado como yerno
en bien de la ciudad. Unos excavan fosos delante de las puertas, acarrean otros
piedras y estacas. Da la ronca trompeta su sangrienta señal para el combate.
475 Madres y niños ciñen el ruedo del adarve entreverados.
El riesgo extremo convoca a todos.
Sube al templo de Palas, a lo alto del alcázar,
la reina con ofrendas entre un tropel ingente
de matronas, va a su lado Lavinia, la doncella causante
480 de toda esta desgracia, con los hermosos ojos abatidos.
Las matronas van escalando el templo
y colman el recinto de vaharadas de incienso