Eneida
Eneida los vigías que envié a averiguarlo, ha mandado por delante, insolente,
jinetes de armadura ligera a batir la llanura, mientras él en persona
se acerca a la ciudad por las trochas desiertas del collado
remontando su altura por la cumbre.
515 Le tengo preparada una celada por el recodo mismo del sendero
allá en medio del bosque. Apostando un retén de gente armada
cerraré la salida. Tú, en orden de batalla, harás frente allí mismo
a la caballería tirrena. A tu lado tendrás al brioso Mesapo, los jinetes latinos
y las tropas de Tíbur. Toma el mando de todos».
Así habló y con palabras parecidas
va incitando a la lucha a Mesapo y los otros capitanes aliados.
520 Y marcha a recibir al enemigo. Hay un valle de corvo recodo fragoroso
propicio a las celadas y tretas de la guerra. Un negro bosque
sombrea ambas laderas con la densa fronda de su arboleda.