Eneida
Eneida A él se llega por una estrecha senda que da en una garganta
525 de bien angosta y peligrosa boca. Sobre ella, allá en el mismo miradero,
de lo alto del alcor se extiende un llano oculto, guarida resguardada
para atacar al enemigo a diestra y a siniestra o acosar por la cumbre
y hacer rodar sobre él enormes piedras.
530 Turno parte hacia allí atravesando trochas por él bien conocidas,
ocupa aquel paraje, donde aguarda emboscado en la fronda alevosa.
En tanto en las moradas de la altura se dirigía la hija de Latona[390]
a Opis, la ninfa rauda en la carrera,
una de aquellas que forman su sagrada comitiva,
535 y daba suelta su boca a estas palabras doloridas:
«Oye, muchacha, Camila marcha
a un combate cruel —ciñe en vano sus armas favoritas—,
Camila a quien yo quiero más
que a otra ninguna. No le ha entrado este amor ahora a Diana
ni le turba de repentina dulcedumbre el alma.