Eneida
Eneida 540 Métabo, destronado por odio a su violencia y su arrogancia,
al salir de Priverno[391],
su vetusta ciudad, huyendo entre el peligro de la lucha,
recogió a su pequeña y la hizo compañera de destierro.
Y la llamó Camila, alterando así el nombre de Casmila, su madre.
El padre la llevaba consigo en brazos junto al pecho y así iba recorriendo
545 al hilo de las cumbres los bosques solitarios. Por un lado y por otro
le acosaban a tiros las armas enemigas. Soldados de los volscos
volaban sin cesar en torno de él.
De pronto el Amaseno se interpone en su huida;
rebasa espumeante sus riberas; tan gran tromba de lluvia
había descargado de las nubes. Se dispone a nadar y el amor a la niña le detiene
550 temeroso de su querida carga. De pronto dando vueltas y vueltas en su mente
se le ocurre esta idea: a la enorme jabalina que el guerrero
portaba por fortuna con mano vigorosa
—era un leño nudoso endurecido al fuego—