Eneida
Eneida —le daba horror luchar cara a cara con él— y prende el hierro
bajo la misma oreja del caballo. El bruto se enfurece con el golpe,
no soporta el dolor y se encabrita y enhiesto el pecho con las patas en alto
640 azota el aire. Rémulo despedido va rodando por tierra, Catilo abate a Jolas
y al corpulento Herminio, descomunal en brÃos,
descomunal en estatura y armas.
Desnuda la cabeza lucÃa su rojiza cabellera, desnudos los hombros.
No le aterran las heridas. Y eso que presentaba tanto blanco a los tiros.
La lanza disparada se le clava vibrando en las anchas espaldas
y le atraviesa el pecho y el dolor le dobla en dos el cuerpo.
645 Fluye por todas partes negra sangre.
Siembran estragos cruzando las espadas
y afrontan las heridas buscando honrosa muerte.
En medio del combate encarnizado la amazona Camila
exulta armada de su aljaba
descubierto para la lucha un pecho. Unas veces dispara su mano espesa tromba