Eneida
Eneida avanza presuroso en su vaivén. Ahora irrumpe en la orilla y sobre los peñascos
625 va tendiendo sus randas espumantes
y su onda corva baña hasta el lejano linde de la arena;
retrocede ahora rauda y va arrastrando cantos su resaca
y resbala por el banco de arena y deja atrás la orilla.
Dos veces los tirrenos acosan a los rútulos vencidos
hasta los mismos muros y otras dos son rechazados.
Vuelta la vista atrás se cubren las espaldas con su escudo.
630 Y cuando a la tercera trabados en combate
se entreveran sus filas y cada cual se enfrenta a su rival,
entonces sí que se oyen gemidos de guerreros moribundos
y armas y cuerpos se hunden en raudales de sangre
y ruedan confundidos con cadáveres de jinetes caballos expirantes.
635 Surge entonces una lucha feroz. Orsíloco vibrando su lanza
la dispara contra el corcel de Rémulo,