Eneida
Eneida Contra ellos cargan raudas las tropas laurentinas.
280 Al instante se lanzan contra éstas en tropel troyanos y agilinos[415]
y los árcades de armadura blasonada. Un afán domina a todos:
zanjar su suerte con las armas. Despojan los altares.
Cruza un turbión de dardos todo el cielo. Se desata una lluvia de hierro.
285 Recogen tazas y fogariles. Huye el rey Latino.
Se lleva, nulo el pacto, los dioses ultrajados.
Uncen unos los carros, otros de un salto montan a caballo
y acuden empuñando las espadas desnudas.
290 Mesapo, ansioso de anular el pacto,
embiste con su corcel y empavorece a Aulestes,
el rey tirreno que iba ostentando su corona real.
Éste retrocediendo cae por tierra y tropieza —infortunado de él—
en la fila de altares a su espalda. Y cae entre ellos de cabeza y hombros.
Mesapo enardecido vuela hacia él lanza en ristre
y desde arriba, de lo alto del caballo,