Eneida
Eneida ¿Algún dios? No se ha sabido. La gloria de tan alta proeza
quedó en secreto. No hubo quien se ufanara de haber herido a Eneas.
En cuanto Turno ve que Eneas se retira del combate
y ve desconcertados a sus jefes, le arde el alma de súbita esperanza,
325 pide caballos y armas y de un brinco salta orgulloso al carro
y firme empuña las riendas en la mano.
Girando volandero manda a muchos valientes a la muerte;
hace rodar por tierra moribundos a otros más o arrolla con su carro
330 las filas de enemigos o arrambla nuevas lanzas que dispara a los que huyen.
Como cuando lanzado a la carrera, allá a la vera de la corriente
gélida del Hebro, Marte, rojo de sangre, retumba con su escudo
y alzando guerra suelta la brida a sus furiosos potros;
335 ellos a llano abierto adelantan volando a los Notos y al Céfiro
y al golpe de sus cascos se estremece hasta el confín remoto de la Tracia;