Eneida
Eneida 350 por explorar el campamento dánao osó pedir un dÃa en premio el carro del Pelida[417].
Otro fue el pago que el hijo de Tideo le dio por su osadÃa.
Y no aspira ya más a los potros de Aquiles.
Al momento en que Turno lo divisa en la llanura abierta,
allá a lo lejos, primero lo persigue con un alado dardo largo trecho,
355 luego frena los potros de su tronco, y saltando del carro cae sobre él,
y ya abatido en tierra, medio muerto, le planta el pie en el cuello y le arranca
de la mano la espada, y su hoja centelleante
se la tiñe bien honda en la garganta
y añade por remate: «¡Ea, descansa ya, troyano,
y ve midiendo con tu cuerpo[418]
los campos de esta Hesperia que venÃas a ganar en la guerra!
360 Es el premio que consiguen los que osan provocarme con la espada.
Asà es como ellos alzan su ciudad». En seguida con un tiro de lanza
manda a Asbites que le haga compañÃa.
Y a Cloreo y a SÃbaris y a Dares y a TersÃloco