Eneida
Eneida de los otros la fortuna. Mi brazo te va a defender ahora combatiendo
y te va a conducir a donde obtengas las grandes recompensas.
Tú, cuando den los años
madurez a tu vida, no lo olvides, y siempre que en tu mente
evoques el ejemplo de los tuyos, que acucien tu alma
440 Eneas, tu padre, y tu tío Héctor». Le dice y se echa fuera de las puertas
con su imponente mole blandiendo enorme lanza entre su mano.
Con él, en denso grupo, se abalanzan Anteo y Mnesteo
y toda la avalancha desemboca dejando atrás el campamento.
La llanura es ya una tolvanera cegadora.
445 La tierra se estremece batida por el golpe de los pies.
Desde un cerro frontero Turno los ve avanzar y los ven los ausonios
y un helado terror corre por el meollo de sus huesos.
La primera de todos los latinos
que percibió y reconoció el estruendo fue Juturna. Huye despavorida.