Eneida
Eneida Invoca muchas veces a Júpiter y pone por testigos del pacto quebrantado a los altares.
Al fin se precipita en medio de las tropas enemigas y feroz con la ayuda
del dios Marte va causando una horrible mortandad —no distingue—
y da así rienda suelta a su furor.
500 ¿Qué dios me ayudaría a revelar ahora tantos horrores?
¿Qué otro a cantar el duelo de tan diversas trazas de muertes, el estrago
de aquellos capitanes a los que acosa Turno por toda la llanura
y a los que acorre ahora el caudillo troyano? Pero ¿es que tú quisiste,
Júpiter, que unos pueblos que habían de vivir en paz perpetua
505 chocasen entre sí con tan feroz violencia? Eneas acomete al rútulo Sucrón
—combate que clavó por vez primera en su puesto a los teucros que huían—
y sin que oponga resistencia mayor le asesta un golpe en el costado
y por donde penetra más rápida la muerte, por la cota del pecho,
le hunde la fría espada en las costillas. Turno a pie ataca a Ámico