Eneida
Eneida y remontar las llamas los tejados y no ve aparecer por parte alguna
las tropas de los rútulos ni escuadrones de Turno, cree la infortunada
que el guerrero ha caído en combate y perturbada el alma de súbita congoja
600 grita que ella es la causa, la culpable, el origen de los males y enloquecida
rompe en voces y voces de furia, en el frenesí de su dolor. Decidida a morir
desgarra con sus manos los purpúreos vestidos y cuelga de alta viga
el nudo del cordel de horrenda muerte. Apenas la desgracia llega a oídos
605 de las pobres mujeres latinas cuando su hija Lavinia, antes que nadie,
se mesa con sus manos sus floridos cabellos y lacera sus mejillas de rosa.
Las otras la rodean furiosas en tropel. Sus plañidos
van resonando a lo ancho del palacio.
Desde allí cunde la nueva infortunada por toda la ciudad.
Los ánimos se abaten.
610 Hecha jirones su veste, va Latino estupefacto