La Eneida
La Eneida 50
disparó contra el costado y contra el vientre curvo de tablones.
Se clavó aquélla vibrando y en la panza sacudida
resonaron las cuevas y lanzaron su gemido las cavernas.
Y, si los hados de los dioses y nuestra mente no hubieran estado
contra nosotros, nos habrían llevado a horadar los escondites de Argos,
55
y aún se alzaría Troya y permanecerías en lo alto, fortaleza de Príamo.
"Y hete aquí que a un joven atado a la espalda de manos
con gran griterío los pastores ante el rey arrastraban
Dardánidas, que, desconocido, a los que lo hallaron
se entregó para urdir todo esto y abrir Troya a los griegos,
60
confiado de ánimo y para ambas tareas dispuesto,
bien a tramar sus engaños, bien a marchar a una muerte segura.