La Eneida
La Eneida 110
la dura tormenta y el Austro frustró su partida.
Y justo cuando ya aquí tejido de tablas de arce
se alzaba el caballo, por todo el cielo restalló la tormenta.
Intrigados enviamos a indagar de Febo el oráculo
a Eurípilo, quien nos trae de su templo estas tristes palabras:
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'Con sangre aplacasteis al viento y matando a una virgen,
dánaos, el día que a estas costas ilíacas vinisteis;
con sangre debéis procurar el retorno y con el sacrificio
de un alma de Argos. En cuanto esta voz llegó a los oídos del pueblo,
se suspendieron los ánimos y un helado temblor recorrió
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