La Eneida
La Eneida lo hondo de los huesos, a quién designaban los hados, a quién pide Apolo.
"En esto el de Ítaca con gran reunión a Calcante
el adivino arrastra al centro; le pide que aclare
cuál sea la voluntad de los dioses. Y muchos ya me cantaban
a mí el crimen cruel del tramposo, y en silencio
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veían lo que iba a venir. Diez días calla aquél y escondido
se niega a señalar a nadie con su voz y mandarlo a la muerte.
A la fuerza, por fin, empujado por el de Ítaca con grandes gritos,
rompe de acuerdo con él su silencio y me envía hacia el ara.
Estuvieron todos de acuerdo y, lo que cada cual para sí se temía,
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convertido en la ruina de uno solo soportaron.
Y ya había llegado el día nefando. Ya se me habían dispuesto