La Eneida
La Eneida Se dice que debió emplear siete años en su composición y que, en una lectura ininterrumpida de cuatro días, pudo leérselo a Octaviano a su regreso de Oriente en el 29 a.C.
No es extraño que el propio Mecenas intentase a continuación un salto cualitativo en su programa literario.
Había que cantar ahora la figura de quien pronto ya se llamaría Augusto.
Y había precedentes: Furio Bibáculo y Terencio Varrón habían puesto antes en verso las gestas de César en su conquista de las Galias, y los antecedentes de una épica nacional se remontaban hasta Ennio, y más atrás.
La idea ronda ya en los primeros versos del libro tercero de las Geórgicas; Mecenas, sin embargo, no tenía prisa y esperaba el momento oportuno y la inspiración adecuada.
Por Macrobio sabemos de una famosa correspondencia epistolar entre Virgilio y el propio Augusto.
Era el año 26, Augusto estaba en Hispania dirigiendo las operaciones contra los cántabros y desde allí reclamaba ansioso al poeta el resumen o algún fragmento de su obra.