La Eneida

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Éste entonces le responde pidiéndole tiempo, que se sentía enajenado por el trabajo emprendido y "su Eneas" (Aenea quidem meo, dice el poeta, según su biógrafo nos lo ha transmitido) precisa aún de estudios más profundos.

Podemos afirmar, por tanto, que era entonces cuando el poeta estaba empezando el trabajo que habría de ocuparle hasta su muerte, el arma uirumque que se disponía a cantar para mayor gloria de Roma y su príncipe.

No sólo Augusto, sino toda la ciudad aguardaba el poema con impaciencia, y Propercio pudo escribir en el 26 que se estaba gestando "algo mayor aún que la Ilíada".

Más tarde, sin embargo, Virgilio pudo satisfacer la curiosidad de Augusto, presentándole en pública lectura los libros II, IV y VI, quizá los más impresionantes.

Es famosa la anécdota que nos cuenta cómo Octavia perdió el conocimiento al escuchar el panegírico de su hijo Marcelo contenido en el libro VI.

El propio príncipe debió de estremecerse ante la mención de su sobrino, el joven que ya había escogido como heredero y que acababa de fallecer (23 a.C.).

En el año 19 Virgilio había provisionalmente terminado su trabajo en doce libros.


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