La Eneida
La Eneida Augusto, sin embargo, evitó que se cumpliera ese último deseo, y, muy al contrario, encargó a esos mismos amigos que lo publicasen sin añadir ni una sola letra, aunque podían suprimir lo que, en su opinión, no sería del gusto del poeta ya desaparecido.
Y así, con sus contradicciones y sus hermosos versos incompletos, ha llegado la Eneida hasta nosotros.
Del físico y la personalidad de Virgilio no es mucho lo que sabemos.
Era, según cuenta Donato, alto y moreno, de aspecto campesino, y así nos lo confirman los retratos antiguos que de él nos han llegado, el del mosaico de Hadrumeto y algún busto en mármol quizá de la época de Augusto.
Tenía fama de tímido entre sus amigos, y es seguro que no le gustaba mostrarse en público y que prefería su retiro en Campania al ajetreo de la gran ciudad.
Quizá también esto se debió a esa misteriosa enfermedad crónica que el propio Donato menciona (tuberculosis o no); al fin y a la postre, y en palabras de García Calvo, "tan sólo la enfermedad es lo que hace al hombre un hombre".