La Eneida
La Eneida los avisos de los dioses y su opinión les demando.
En todos había igual ánimo: salir de una tierra maldita,
dejar un asilo mancillado y confiar la flota a los Austros.
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Así que preparamos las exequias de Polidoro y gran cantidad
de tierra amontonamos sobre su túmulo; se alzan a sus Manes
las aras funerales de bandas azules y negro ciprés,
y alrededor las troyanas con el pelo suelto según la costumbre;
derramamos encima espumantes cuencos de tibia leche
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y páteras de sangre sagrada, y entregamos su alma
al sepulcro y a grandes voces rendimos el saludo postrero.
"Y luego, en cuanto el piélago nos ofrece confianza y presentan los vientos
un mar en calma y el Austro con suave silbo nos llama al agua,