La Eneida
La Eneida Atónito ante visión semejante y por la voz de los dioses
(que no era aquello ningún sueño; reconocer de verdad me parecía
los rasgos y las cabezas cubiertas y los rostros presentes;
ymanaba de todo mi cuerpo un sudor helado),
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me lanzo de la cama y dirijo al cielo
las palmas extendidas y mi voz y libo ante el fuego sagrado
presentes sin mancha. Gozoso, cumplido el sacrificio,
lo comunico a Anquises y le expongo las cosas por orden.
Reconoció la ambigua prole y dobles antepasados
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y a él mismo engañado por el nuevo error de los antiguos lugares.
Recuerda entonces: "Hijo mío de Ilión atormentado por el sino,
Casandra sola me profetizaba estos sucesos.