La Eneida
La Eneida Ahora recuerdo que, al prever el destino de nuestro pueblo,
hablaba con frecuencia de Hesperia y de los ítalos reinos.
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Mas ¿quién iba a imaginar a los teucros en las costas de Hesperia?
¿A quién podían convencer entonces los vaticinios de Casandra?
Hagamos caso a Febo y advertidos sigamos mejores señales."
Así dice, y todos obedecemos entre aclamaciones sus palabras.
Abandonamos también este lugar y, dejando a unos pocos,
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largamos las velas y la vasta planicie recorremos en el cavo leño.
"Luego que las naves cubrieron el mar y más no aparece
ninguna tierra, cielo por todo y por todo agua,
se paró entonces sobre mi cabeza una nube cerúlea
llena de noche y tormenta, y el mar se encrespó de tiniebla.