La Eneida
La Eneida 195
Al punto los vientos revuelven el mar y enormes se levantan
las olas, nos dispersa el azote de un vasto remolino.
Escondieron los nimbos el día y cubrió una húmeda noche
el cielo y los relámpagos aumentan en las rasgadas nubes,
perdemos el rumbo y vagamos en las aguas ciegas.
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Ni Palinuro acierta siquiera a distinguir en el cielo
el día de la noche ni recuerda el camino entre las olas.
En la ciega tiniebla vagamos así tres inciertos soles
por el mar y otras tantas noches sin estrellas.
El cuarto día al fin pareció asomar una tierra,
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