La Eneida
La Eneida pálidos de hambre.
Aquí cuando llegamos y entramos en el puerto, mira por dónde
vemos por todo el campo espléndidas manadas de bueyes
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y un rebaño de cabras sin custodia alguna por los pastos.
Nos lanzamos con las espadas invocando a los dioses y al propio
Júpiter con una parte del botín; entonces en el curvo litoral
disponemos los lechos y con viandas exquisitas nos regalamos.
Mas de pronto con espantoso salto de los montes se presentan
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las Harpías y baten con estridencia sus alas,
y nos roban la comida y ensucian todo con su contacto
inmundo, y un grito feroz entre el olor repugnante.
En un lugar apartado bajo el hueco de una roca, de nuevo