La Eneida
La Eneida y estés cumpliendo ya tus votos en altares dispuestos en la playa,
oculta tus cabellos cubriéndolos con un manto de púrpura
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para que entre los fuegos sagrados en honor de los dioses
no acuda alguna aparición hostil que turbe los presagios.
Guarda tú esta costumbre en tus sacrificios y así tus compañeros;
que fieles permanezcan a esta devoción tus descendientes.
Y cuando tras tu partida el viento a la sícula costa te empuje
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y ralas se vuelvan las barreras del estrecho Peloro,
habrás de buscar las tierras a tu izquierda y a tu izquierda los mares
en largo circuito; evita la costa de la derecha y sus olas.
Estos lugares asolados un día por la fuerza de una vasta ruina