La Eneida
La Eneida 390
blanca echada en el suelo, recién parida de treinta
cabezas, con las blancas crÃas en torno a sus ubres,
éste será el lugar de tu ciudad, éste el seguro descanso a tus fatigas.
Y que no te espanten los mordiscos que darás a las mesas:
los hados encontrarán el camino y Apolo llegará si le invocas.
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Sin embargo, estas tierras y esta ribera de Italia
cercana que baña la marea de nuestro mar,
evÃtalas; todas las murallas están llenas de malvados griegos.
Aquà pusieron también sus murallas los locros naricios
e infestó de hombres en armas los campos salentinos
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Idomeneo de Creta; aquà la pequeña Petelia del rey
melibeo Filoctetes, la famosa, apoyada en sus muros.
Y cuando tras cruzarlo al otro lado del mar se detenga la flota