La Eneida
La Eneida a los Ciclopes gigantes y tiemblo al ruido de sus pasos y a sus voces.
Pobre alimento, bayas y cerezas silvestres de los roquedales,
me ofrecen las ramas y las hierbas me nutren con las raíces arrancadas.
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Al recorrer estos lugares vi, por vez primera, que una flota
llegaba a estas costas, la vuestra. Y, fuese cual fuese,
a ella me he rendido, contento de haber escapado de un pueblo nefando.
Vosotros mejor cobraos esta vida con la muerte que os plazca."
"Apenas había hablado cuando en lo alto del monte descubrimos
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al propio Polifemo, pastor de sus ganados, moviéndose
con su vasta mole en dirección a las conocidas riberas,
monstruo horrendo, informe y gigantesco, sin su ojo.
Un pino cortado gobierna sus pasos y les sirve de apoyo;
le siguen sus lanígeras ovejas, que era éste su solo placer