La Eneida
La Eneida y vengamos al fin, contentos, las sombras de nuestros compañeros.
Pero huid, desgraciados. Huid y cortad la maroma
de la playa.
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Que así y tan grandes como ese Polifemo que en antro cavo
cierra lanígeras ovejas y ordeña sus ubres,
otros cien Ciclopes terribles habitan esparcidos
estas curvas riberas y vagan por las cumbres de sus montes.
Tres veces los cuernos de la luna de luz se han llenado
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desde que arrastro mi vida en las selvas y en las cuevas
y guaridas que las fieras dejan y desde una roca observo