La Eneida
La Eneida 155
Allí está el joven Ascanio, gozoso en medio del valle
con brioso caballo, ganando a unos y otros en la carrera;
suplica con sus votos que entre los tardos rebaños le sea dado
un rabioso jabalí o que baje del monte rubio león.
Entretanto el cielo de terrible rugido empieza
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a llenarse, sigue una tormenta mezclada con granizo
y el séquito tirio, dispersado, y la juventud troyana
y el dardanio nieto de, Venus asustados buscaron
los techos de todos los campos; ríos bajan corriendo del monte.
A la misma gruta Dido y el caudillo troyano
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