La Eneida
La Eneida para que lo arase y las leyes del lugar, nuestra boda
rechazó y acogió a Eneas por dueño de sus dominios.
Y ahora, el Paris ese con su afeminada comitiva,
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el mentón y el perfumado cabello con la mitra meonia
ceñidos, disfruta de su rapto. ¡Y nosotros mientras presentes
llevando a tus templos y alimentando una fama huera! "
A quien con tales palabras oraba abrazado a sus altares
prestó oídos el Todopoderoso y dirigió sus ojos a las murallas
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reales y a unos amantes olvidados de mejor fama.
Entonces habla así a Mercurio, y así lo ordena:
"Ea, ve, hijo. Convoca a los Céfiros y déjate caer con tus alas
y al caudillo dardanio que en la tiria Cartago
hoy se demora, sin ver las ciudades que le reserva el hado,