La Eneida
La Eneida 200
eternas centinelas de los dioses, y un suelo empapado
de sangre de animales, y dinteles florecidos de variadas guirnaldas.
Pues éste, se dice, loco de ánimo y enfurecido por el amargo rumor,
entre la majestad de los dioses y ante sus altares
suplicante, muchos ruegos vertió con las manos alzadas:
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"Júpiter todopoderoso a quien hoy el pueblo maurusio
en sus banquetes, sobre bordados lechos, liba la ofrenda lenea.
¿Ves esto? ¿Es que, padre, cuando blandes tus rayos
nos espantamos en vano, y ciegos tus fuegos en las nubes
aterrorizan los corazones e inane se agita su bramido?
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Esa mujer que errante en nuestro territorio su pequeña
ciudad estableció, por su precio, a quien un litoral entregamos