La Eneida
La Eneida al aire, y sus armas, las que dejó el impío colgadas
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en el tálamo y todas sus prendas y el lecho conyugal
en el que perecí, ponlos encima: todos los recuerdos
de un hombre nefando quiero destruir, y lo indica la sacerdotisa."
Dice estoy se calla, e inunda la palidez su rostro.
Ana no advierte, sin embargo, que su hermana bajo ritos extraños
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oculta su propio funeral, ni imagina en su mente locura
tan grande o teme desgracia mayor que la muerte de Siqueo.
Así que obedece sus órdenes.
La reina al fin, levantada la enorme pira al aire
en lugar apartado con teas de pino y de encina,
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