La Eneida
La Eneida que a la suya negra ceniza tenía en su antigua patria:
"A Ana, mi querida nodriza, llama aquí a mi hermana.
Dile que se apresure a lavar su cuerpo con agua del río,
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y que traiga consigo los animales y las víctimas prescritas.
Que venga así, y tú misma ciñe tus sienes con las ínfulas santas.
El sacrificio a Júpiter Estigio que comencé y dispuse según el rito,
tengo intención de cumplirlo y acabar así con mis cuitas
entregando a las llamas la pira del dardanio."
Así dice. Y ya apresuraba la otra el paso con senil afán.
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Mas Dido, enfurecida y trémula por su empresa tremenda,
volviendo sus ojos en sangre y cubriendo de manchas