La Eneida
La Eneida 260
junto al rápido Simunte al pie de la alta Ilión,
se la da para que la tenga, gloria de un guerrero y reparo en las armas.
Apenas, tan tupida, la aguantaban sobre sus hombros los esclavos
Fégeo y Ságaris; mas vistiéndola un día
Demóleo perseguía a la carrera a los dispersos troyanos.
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Como tercer premio entrega dos calderos de bronce
y copas terminadas en plata y ásperas de relieves.
Y ya todos con sus presentes y orgullosos de sus premios
se marchaban con las sienes ceñidas de purpúreas cintas,
cuando escapado apenas con gran habilidad del cruel escollo,
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con los remos perdidos y a falta de una fila entera,