La Eneida
La Eneida siguen con vosotros, y nadie cambia el orden de las palmas, muchachos;
mas pueda yo compadecerme de la desgracia del amigo inocente."
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Dicho esto la piel enorme de un león getulo
entrega a Salio, cargada de pelo y con las uñas de oro.
A esto Niso: "Si premios tan grandes -dice- hay para los vencidos,
y pena te dan los caídos, ¿qué presentes a Niso
dignos darás, que merecí por mi hazaña la primera corona
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de no haberme tumbado, enemiga, la misma fortuna que a Salio?"
Y a la vez que hablaba su rostro mostraba y sus miembros
manchados del húmedo fimo. Le sonrió el óptimo padre
y mandó traer un escudo, trabajo de Didimaon,
que arrancaron los dánaos del sagrado dintel de Neptuno.
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