La Eneida
La Eneida Entonces un prodigio repentino que gran augurio sería
se ofrece a los ojos; lo mostró después un gran suceso
y los vates terribles cantaron presagios tardíos.
Pues volando en las líquidas nubes ardió la caña
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y señaló un camino de llamas y desapareció consumida
en los tenues vientos, como a menudo arrancadas del cielo
pasan corriendo y arrastran su cola las estrellas voladoras.
Atónitos de ánimo quedaron teucros y trinacrios
e invocando a los dioses de lo alto y Eneas el grande
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no rechaza el presagio, sino que abrazando al feliz Acestes
lo colma de grandes regalos, y así le dice:
"Toma, padre, pues quiso el gran rey del Olimpo que por tales