La Eneida
La Eneida con su flecha; cortó los nudos y las cuerdas de lino
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con las que estaba colgada de una pata en lo alto del mástil;
ella vuela y escapa con los Notos a las negras nubes.
Rápido entonces, con la flecha hace rato montada
en el arco dispuesto, Euritión invocó con votos a su hermano,
y avistándola ya gozosa en el cielo libre y agitando
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sus alas, atraviesa a la paloma bajo una negra nube.
Cayó exánime y se dejó la vida entre los astros
etéreos y devuelve abatida la flecha clavada.
Perdida ya la palma, sólo quedaba Acestes,
que lanzó, sin embargo, su dardo a las auras aéreas,
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exhibiendo el padre su arte y el arco sonoro.