La Eneida
La Eneida ilustrísimo que cuando se ordenó romper el pacto
lanzaste el primero tu dardo en medio de los aqueos.
El último y en el fondo del yelmo se queda Acestes,
que se había decidido a probar con su mano una lid de jóvenes.
Entonces con fuerzas poderosas doblan y curvan sus arcos
500
cada uno por sí mismo y sacan los dardos de las aljabas,
y la primera vibrando el nervio por el cielo, la flecha
del joven Hirtácida azota las auras voladora,
y llega y se clava en el árbol del mástil frontero.
Tembló el mástil y asustado agitó sus alas
505
el animal, y todo resonó con intenso aplauso.
Después el fiero Mnesteo se plantó con el arco tendido
apuntando hacia arriba, y a la vez lanzó el ojo y la flecha.
Mas, pobre de él, no pudo alcanzar justo al ave