La Eneida
La Eneida 570
un caballo sidonio que la deslumbrante Dido
le había entregado, recuerdo y prenda de su amor.
Los demás jóvenes van sobre caballos trinacrios
del anciano Acestes.
Los reciben con aplausos y se gozan viéndolos asustados
575
los Dardánidas, y reconocen los rasgos de sus antiguos padres.
Luego que recorrieron alegres toda la pista y los ojos
de los suyos sobre los caballos, Epítides dio la señal
a lo lejos con un grito e hizo restallar su látigo.
Ellos avanzaron alineados y formando grupos de tres en tres
580
rompieron la formación, y llamados de nuevo
invirtieron la marcha y blandieron los dardos enhiestos.
Luego realizan otros avances y otras retiradas
colocándose de frente y responden rodeos alternos