La Eneida
La Eneida ¿ningún muro ya se llamará de Troya? ¿En ningún sitio
veré los ríos de Héctor, el Janto y el Simunte?
Venid conmigo, pues, y quememos las infaustas naves.
635
Que a mí en sueños la imagen de la vidente Casandra
he visto que me daba teas encendidas: "Buscad aquí Troya;
aquí está vuestra casa", me dijo. Ya es hora de actuar,
y retraso no cabe ante prodigios tan grandes. ¡Mirad, cuatro aras
de Neptuno! El propio dios nos da teas y coraje."
640
Esto diciendo agarra la primera con fuerza una llama amenazante,
la hace brillar blandiéndola a lo lejos con la diestra levantada
y la lanza. Suspensos quedaron los pechos de las troyanas
y atónitos sus corazones. Entonces una de ellas, la mayor,