La Eneida
La Eneida al valiente Pelida, si bien deseaba arrancar de sus raíces
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las murallas de la perjura Troya que levanté con mis manos.
Ese mismo ánimo sigue aún hoy en mí; pierde esos miedos.
Llegará sano y salvo a los puertos del Averno que deseas.
A uno sólo echarás de menos perdido en el abismo;
uno sólo dará su vida por muchos."
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Luego que consoló el pecho alegre de la diosa con estas palabras,
unce con oro el padre sus caballos y frenos coloca
de espuma a los animales y suelta de sus manos todas las riendas.
Por encima de las aguas vuela ligero en su carro cerúleo;
se humillan las olas ybajo el eje tonante la hinchada