La Eneida
La Eneida La causa de tamaño mal, de nuevo una esposa huéspeda de los teucros,
y de nuevo un matrimonio forastero.
No cedas tú a estos males y hasta sigue avanzando lleno de valor
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por donde te permita tu Fortuna. De la salvación el camino
[primero (nunca lo creerías) habrá de abrirte una ciudad griega."
Con tales palabras del interior del templo la Sibila de Cumas
anuncia horrendos enigmas y resuena en el antro,
envolviendo en tinieblas la verdad: Apolo sacude las riendas
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de su locura y clava aguijones en su pecho.
En cuanto cesó el furor y calló la boca rabiosa,
comienza el héroe Eneas: "No me presentas, virgen,
el rostro de fatiga alguna nueva o inesperada;
todo lo he probado y en mi pecho antes lo he recorrido.
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