La Eneida
La Eneida 180
cuanto se ve del mar, por si divisar puede a alguno
arrastrado por el viento, y las birremes frigias, a Anteo
o a Capis o las armas de Caíco en lo alto de sus popas.
Ninguna nave a la vista, observa sin embargo a tres ciervos
vagando por la playa; sigue por detrás entera
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la manada y pace larga formación por los valles.
Se detiene entonces y empuña al punto el arco y las veloces
flechas, las armas que el fiel Acates le llevaba,
y abate los primeros a los que van delante con la cabeza erguida.
de cuernos como árboles, después a la tropa y alborota
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