La Eneida
La Eneida a toda la manada acosándolos con sus disparos en el espeso bosque;
y no paró hasta que, vencedor, siete hermosos ejemplares
pone en el suelo, hasta igualar el número de naves;
luego vuelve al puerto y entre todos los compañeros los reparte.
Distribuye después el vino que el buen Acestes había puesto en orzas
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Y les había entregado el héroe cuando dejaban la costa trinacria,
y consuela sus afligidos corazones con estas palabras:
"Compañeros míos (pues que no ignoramos lo que son desgracias),
cosas más graves, habéis sufrido, y a éstas también un dios pondrá fin.
Habéis pasado ya la rabia de Escila y los escollos que resuenan
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fuertemente, y conocéis también las piedras del Ciclope:
recobrad el ánimo y deponed ese triste temor,