La Eneida
La Eneida que quizá hasta esto recordaremos un día con gusto.
Entre diversas fatigas, entre tantas circunstancias adversas
buscamos el Lacio, donde nos muestran los hados
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sedes apacibles; allí renacer deben los reinos de Troya.
Aguantad y guardaos para tiempos mejores."
Así dice, y aunque graves cuitas lo afligen,
simula esperanza en su rostro, guardando en su pecho una pena profunda.
Ellos se aprestan al botín y van preparando la comida;
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separan el lomo de las costillas y las vísceras sacan;
unos lo cortan en trozos que clavan, temblando, en los asadores,
colocan otros los calderos en la playa y se encargan del fuego.