La Eneida
La Eneida no hubo otro si no contamos al laurente Turno;
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Lauso, domador de caballos y vencedor de fieras,
manda a mil hombres que en vano lo siguieron
de la ciudad de Agila, digno de órdenes más felices
que las de su padre, y de un padre que no fuera Mecencio.
Tras ellos por la hierba muestra su carro señalado
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de palma y sus caballos victoriosos el hijo del hermoso Hércules,
el hermoso Aventino, y lleva en su escudo el emblema
paterno, cien serpientes y la hidra ceñida de culebras;
en los bosques del monte Aventino Rea la sacerdotisa
lo parió a escondidas a la luz de este mundo
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unida a un dios siendo mujer, luego que el héroe de Tirinto