La Eneida
La Eneida de triple hilo de oro se pone y se ciñe la leal espada.
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Abrid, diosas, ahora el Helicón y lanzad vuestros cantos,
qué reyes la guerra movió, qué ejércitos y de qué bando
llenaron los campos, de qué guerreros florecía por entonces
la tierra sustentadora de Italia, de qué armas ardió.
Pues bien lo sabéis, diosas, y podéis decirlo,
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que a nosotros apenas nos llega el soplo tenue de la fama.
El primero en entrar en guerra fue el áspero Mecencio
de las costas tirrenas, despreciador de los dioses, y en armar sus tropas
A su lado Lauso, su hijo, más gallardo que el cual